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lunes, 20 de julio de 2015

EL BALTANASIEGO TELLO MAÑUECO PRESENTA SU LIBRO "NO ERAN DIOSES. CURIOSIDADES DE LA CONQUISTA DE AMERICA".

Unos 120 libros leídos, junto a incontables artículos, dieron pie en su día al baltanasiego Tello Mañueco Baranda a tratar de contar de “forma amena” lo ocurrido cuando en 1492 Cristóbal Colón descubrió América. Empezó en 2006 con su ópera prima, el 'Diccionario del Nuevo Mundo', un trabajo inédito donde expuso de forma didáctica el perfil biográfico de más de 250 conquistadores entre el final del siglo XV y buena parte del XVI, muchos de ellos castellanos y leoneses. Y ahora, tras pedírselo de forma reiterada familiares y amigos -a los que contaba en tertulias multitud de anécdotas basadas en su amplia documentación como “ratón de biblioteca”- acaba de publicar su segundo libro 'No eran dioses: Curiosidades de la conquista de América' (PR Ediciones).
El licenciado en Filosofía y Letras en la especialidad de Historia General por la Universidad de Salamanca apunta que su idea es explicar en 254 páginas, “de forma sencilla y con una lectura fácil”, la conquista del denominado Nuevo Mundo. “Pretendo acercar cómo eran los hombres que la llevaron a cabo, sus tácticas y las armas utilizadas”, dice. Asimismo figuran las dificultades y situaciones comprometidas en las expediciones, además de poner manifiesto la “codicia por el oro” de mandos y soldados que les llevó, incluso, “a matarse entre ellos”, recuerda.
Mañueco lleva 40 de sus 59 años leyendo historia “sin ninguna pretensión de ser escritor ni siquiera historiador”, al entender que es preciso “investigar más” y que son oficios de “gran dificultad”. El primer trabajo lo envió a varias editoriales y asegura que tuvo “la suerte inmensa” de que Ámbito decidiera publicar 1.500 copias finalmente vendidas al tratarse del primer diccionario de conquistadores que se ponía a la venta. Su obra traspasó fronteras y alcanzó eco en Gran Bretaña, Venezuela, Argentina y Colombia, país en que el que fue entrevistado por Radio Caracol.
Hoy la situación es muy distinta, se han cerrado muchas editoriales -entre ellas Ámbito- y, aunque el autor envió de nuevo algunas copias, decidió finalmente costear la publicación de un centenar de ejemplares de su segundo libro en PR Ediciones. La obra está disponible en librerías palentinas, además de ponerlo a la venta en formato papel y electrónico en Amazon y el Club del Libro. “Estoy satisfecho con haber podido publicar dos trabajos recopilados durante muchos años y para mí es más que suficiente”, apunta con humildad.

Los conquistadores españoles dejaron su impronta en “hazañas increíbles pero ciertas”, explica, no exentas de valor pero también repletas de violencia. “Un reducido grupo de españoles se hizo con todo un continente con pequeños ejércitos, venciendo a imperios poderosos como el azteca o el inca, con millones de habitantes”, rememora, además de poner de manifiesto que la presencia de Castilla y León tuvo su sello propio con anécdotas, algunas de ellas muy curiosas.

Tello Mañueco revela de forma especial la protagonizada por el segoviano Pedro Arias de Ávila, conocido con el sobrenombre de 'Pedrarias', que marchó como gobernador a Panamá tras ser antes paje del rey Juan II. “Acabó con la política pacificadora de Núñez de Balboa siendo muy duro con los indios, a los que esquilmó”, indica, además de relatar que ya en España sufrió una catalepsia, le dieron por muerto y le metieron en un ataúd. “Cuando su criado le abrazó para despedirlo notó que el cuerpo no estaba frío y se recuperó. Desde entonces le llamaban el resucitado, la caja mortuoria permaneció siempre en su habitación, la llevó a América y, coincidiendo con la fecha de su supuesta muerte, se metía en ella y pedía que le dijeran una misa. Sus detractores acuñaron una curiosa frase: Tened cuidado con Pedro Arias por que ya murió y a la muerte venció”, explica sonriendo.
En la conquista hubo dos piezas esenciales para que los españoles salieran airosos en las batallas: los caballos y los perros. De estos últimos, el historiador asegura que eran “un arma muy eficaz contra los indios” y el conocido conquistador Ponce de León, natural de Santervás (Valladolid), fue propietario del can adiestrado más famoso. “Se llamaba 'serrillo', era temible y le daban de comer carne de los indios, que finalmente acabaron matándole”, cuenta. De escribir algunas de estas historias se encargó el soldado y a su vez cronista Bernal Díaz del Castillo, nacido en Medina del Campo (Valladolid). “Su mérito se recoge en el libro 'La Conquista de la Nueva España', ya que fue escrito a los 80 años con pelos y señales. Es esencial para entender cómo se conquistó México con todo tipo de detalles y cómo se armaban, se vestían o luchaban los soldados”, argumenta.
Igualmente, el autor se refiere a la figura del conquistador Juan Salazar de Espinosa, natural Medina de Pomar (Burgos). Llegó en 1534 al Río de la Plata y participó en la primera fundación de la ciudad argentina de Buenos Aires, siendo luego fundador y alcalde de Asunción, la capital de Paraguay, hasta que los propios españoles le devolvieron encadenado a su país. Una vez sobreseídas las causas contra él se le dejó volver como tesorero y embarcar a 50 mujeres, algo que estaba prohibido salvo a las esposas de conquistadores. “En la travesía hacia Río de la Plata perdió un barco y en uno pequeño se hacinaron 100 hombres y las 50 mujeres, donde los corsarios les atracaron y casi sin víveres llegaron a las costas de Brasil. Los portugueses les retuvieron y solo con el apoyo de un jesuita, tras un largo y tortuoso camino de cinco años, alcanzaron Paraguay, donde ya llevaban 21 años sin mujeres españolas. Todas, hasta las menos agraciadas, se casaron enseguida con los conquistadores a los que daba prestigio tener una pareja de su país”, asegura.

Otro personaje de la conquista con sello castellano y leonés fue el conocido como Carvajal, natural de Arévalo (Ávila), que destacó por su crueldad en las batallas tanto con indios como con españoles. Fue soldado profesional, capitán, y combatió antes de hacerlo en América en la batalla de Rávena, en las costas de Italia. “Luchó como partidario de Francisco y Guillermo Pizarro en Perú y los indios le llamaban el demonio de los andes por su dureza. Cuando los Pizarro se levantaron contra Almagro y la Corona en luchas intestinas el papel de Carvajal fue terrible y, ya con 80 años, perseguía con saña hasta la ejecución a los soldados españoles”, concreta.
Finalmente, el militar abulense fue derrotado por sus compatriotas y condenado a muerte. “Se caracterizaba por su sorna y cuando le iban a cortar la cabeza, Centeno, un capitán salmantino contra el que luchó, le comentó que pagaría al verdugo para que tuviera un entierro digno. Carvajal le respondió que no le conocía y, al explicarle su interlocutor que había combatido muchas veces contra él, el anciano capitán abulense contestó de forma irónica que nunca le había visto la cara a su oponente por que siempre salía huyendo”, sonríe Mañueco.
Campesinos arruinados, soldados curtidos que no llegaban a un 20 por ciento de los que intervinieron en las batallas, gente desesperada o con cuentas pendientes de la justicia responden al perfil de los protagonistas de la conquista de América. “Había que ser muy osado para meterse en una barquilla de pescador de 20 metros de eslora como 'La Niña', teniendo en cuenta que el nueve por ciento de las naves se perdían o eran atracadas por los piratas. La travesía era durísima y el perfil del viajero era alguien que no había visto el mar en su vida y se tiraba más de dos meses vomitando en la cubierta y sin poder asearse. Más que la conquista les movía la ambición por hacerse ricos con el reparto del oro. La mayoría de soldados perdió la vida y el resto pudo vivir de la asignación de tierras, denominadas encomiendas, con indios trabajando a su cargo”, argumenta.
Para el historiador palentino la conquista de América fue tan dura como otras y causó el casi total exterminio de las civilizaciones indígenas con la imposición a la fuerza de la religión católica, sin respetar las costumbres de los nativos y sus formas de vida. “Se echó a los indios a los perros, se les quemó vivos y se ocasionó una gran mortalidad debido a enfermedades y malos tratos”, se lamenta, aunque sostiene que, a diferencia de otros conquistadores, los españoles llegaron a América para quedarse a vivir allí. “Eso conlleva mezclarse con los indios y empezar a construir un mundo nuevo fundando 225 ciudades que hoy son herencia nuestra. No se fue solo a matar y a llevarse las riquezas como otros europeos al llegar, si no a permanecer en el continente”, concluye. 

Fuente: www.leonoticias.com



Presentación del libro en Baltanás: 1 de Agosto a las 19:00 h. en la Sala de Conferencias del Museo del Cerrato.