ÚLTIMAS NOTICIAS

viernes, 10 de octubre de 2014

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE NUESTRA SEÑORA DE REVILLA 2014 A CARGO DE LOS PASTORES DE BALTANÁS.

 


Buenas noches, un saludo a todos los presentes, un saludo a las autoridades que nos acompañan.

Agradecemos al Ayuntamiento de Baltanás el ofrecimiento para pregonar las Fiestas de Nuestra Sra. de Revilla de este año. Para nosotros es un honor con el que esperamos cumplir como corresponde. Entre un grupo de pastores de la localidad hemos acordado el contenido del pregón. Por ser uno de los más jóvenes, y en activo, me ha correspondido a mí presentarme ante todos para proceder a su lectura.
Pertenecemos a un oficio muy antiguo, de los más antiguos. Somos pastores. Hemos sido durante toda nuestra vida pastores. Es verdad que también podríamos decir que somos ganaderos, pero en nuestro caso somos unos ganaderos que hemos estado continuamente con el ganado, casi no nos hemos separado de él. Sin que sea una exageración, nosotros hemos convivido con el ganado. Por eso, lo nuestro, además de un oficio es una forma de vida. Forma de vida que se ha ido transmitiendo de padres a hijos. Mi padre y sus hermanos, al igual que yo, también fueron pastores, como también lo había sido mi abuelo Conrado. Entre los que me acompañan también hay más de una familia con varios hermanos en los que se da esta circunstancia. Pero según parece, esta tradición se ha acabado. Hace unos 30 años, el censo ovino de Baltanás era de unas 7.000 cabezas. En la actualidad, baste decir, que al reparto anual de pastos solo acudimos dos pastores, José Diez y yo. Ya casi no hay renovación. Seguirá habiendo ganaderos, pero habrá muy pocos que quieran ser pastores. Quizás lo vean como algo anticuado, de otros tiempos y que no encaja en la forma de vida actual. Puede que tengan razón. Si es así, parece oportuno reconocer la herencia que ha dejado un oficio tan antiguo como el nuestro, que ya forma parte de nuestro patrimonio, muy ligado a nuestro entorno, y que ahora, cuando desaparece, es cuando más valoraremos su importancia.
Si hay que destacar algo de la vida de pastor es la dedicación permanente. Todos los días hay que atender al ganado. Eso no quita, que como cualquiera, también hayamos encontrado tiempo para el disfrute. Cuando llegaban momentos como este, ha habido que buscar un hueco para vivir la fiesta, y por ello hemos tenido que aprender a compaginar trabajo y diversión. Las dos cosas no se llevan muy bien, pero con ilusión y ganas lo hemos ido viviendo. Como suele decirse, de nuestro cuerpo ha salido.
La mayor parte de nuestro trabajo se desarrolla a la intemperie. Como consecuencia de ello hemos tenido de todo, días buenos y días malos. Hemos pasado todo el frío que hemos querido, y algo más. Han sido pocos los días que hemos salido al campo sin manta. Tampoco nos olvidábamos fácilmente del paraguas. Para no cargar con manta, paraguas y comida, lo que llamamos “el avío”, hemos tenido un compañero inseparable: el burro. El burro ha sido nuestro medio de carga y nos ha servido de medio de transporte, y además con mucha seguridad. Cuando salíamos de casa, aún de noche, nos subíamos a él y sin decirle nada nos llevaba hasta el corral donde estaban encerradas las ovejas. Y no le hacía falta ni luces ni GPS. Ya no vemos pastores, pero es que tampoco vemos burros. Otro compañero inseparable y buen colaborador es el perro, el que se encarga de ejecutar nuestras órdenes para conducir el rebaño.
Como estábamos obligados a soltar las ovejas todos los días, nuestra presencia en el campo era constante. Años atrás, cuando aún no había aparecido el tractor, era corriente que coincidieran en la salida del pueblo pastor y agricultor, entre ellos había conversación hasta que cada uno llegaba a sus destinos y se separaban, pero aún podía continuar a la hora de comer si volvían a encontrarse. Cuando el agricultor se subió al tractor el pastor perdió su ocasional acompañante, pero él siguió como siempre, y cualquiera que anduviera por el campo de alguna forma tenía la sensación de que no estaba solo, de que en cualquier momento podría encontrarse con el pastor para echar una parlada, para preguntarle por algún camino, o algún cazador preguntarle donde anda una liebre. En una palabra, cuando había pastores había gente en el campo.
De nuestra presencia continua en el campo ha quedado una huella muy visible, y muy destacada en el paisaje de Baltanás y de todo el Cerrato: los corrales y chozos. En esas construcciones tan simples, realizadas con tanta habilidad y que hemos conservado para guardar las ovejas y protegernos de la intemperie, los más mayores han pasado muchas noches, les han salvado de muchas tormentas y en ellas tienen muchos recuerdos. ¿Quién nos iba a decir que con el tiempo, cuando han dejado de tener utilidad, iban a ser uno de los elementos característicos del paisaje cerrateño?. El habitante del Cerrato está acostumbrado a ellos, no le da más importancia, pero llaman la atención del forastero, por su ejecución y la variedad de formas y tamaños. Creemos que merece la pena su conservación. De todos depende que se mantengan en pie y continúen siendo un testimonio de la actividad ganadera de esta zona.
En muchos casos, por todo lo anterior poco o nada se acordarán de nosotros. Sin embargo, sí que se nos echa de menos cuando en primavera y verano el paseante que va por el campo ve las orillas de los caminos llenas de maleza, lo mismo que los perdidos y baldíos. Cuando la maleza es un obstáculo sí que se acuerda del pastor y dice “cuando había ovejas esto no estaba así”. Y no digamos del buscador de setas. Cuantos no han dicho “en ese perdido se crían setas, pero ahora con tanta hierba han desaparecido”. Nuestros compañeros agricultores, con los que compartimos muchas cosas y tenemos actividades complementarias, también culpan a la ausencia de rebaños en el campo de que sus campos estén más sucios de hierba. Todo esto no deja de ser una muestra de lo que las ovejas en su desplazamiento continuo han hecho en beneficio del común.
Mientras vigilábamos pacientemente el ganado cuando pastaba, hemos sido observadores de todo lo que había y acontecía a nuestro alrededor, y a pesar de la escasa instrucción recibida hemos aprendido a interpretar lo que observábamos. Con los años, hemos sido capaces de evaluar el pasto disponible en todo el término y dividirle en 9 suertes, y a su vez, cada una de estas en partes más pequeñas, que nosotros decimos “tajones”. Todos los años, al llegar la fecha de San Pedro, se hacía el sorteo de las suertes, y con ello comenzaba un nuevo año de pastoreo. También era el momento en el que se ajustaban los pastores para una nueva campaña. Como también hemos pasado muchas horas mirando al cielo, antes de que existiera “el hombre del tiempo”, nosotros nos encargábamos de hacer la predicción del tiempo, y con bastante buen resultado, teniendo en cuenta los medios con que contábamos. La experiencia nos dice que cuando al ponerse el sol “aparece barra”, entre el Mueso y Tablada, al día siguiente agua. Lo mismo ocurre cuando las ovejas se sacuden o se mueven; sin embargo cuando como nosotros decimos, “chospean o chospan”, lo que se avecina es frío.
Todo lo anterior, de alguna manera, son herencias del quehacer diario del pastor, que aún recordamos, pero que desgraciadamente irán pasando al olvido. Hay otra herencia de nuestra actividad que esperemos dure muchos años, por la trascendencia que tiene y ojalá siga teniendo en la vida del pueblo y de la comarca: la creación de la Cooperativa Ganadera del Cerrato. Cuando allá por el año 1968, 28 ganaderos, con D. Pedro Cabezudo a la cabeza, acordaron agruparse para defenderse de los abusos que con ellos cometían los compradores de la leche, consiguieron su objetivo: vender la leche a un precio digno. Se creó una asociación que inicialmente recogía 2.000 litros diarios y en la actualidad recoge 200.000. Una industria que comenzó comercializando dos tipos de queso y ahora tiene una amplísima oferta, además de comercializar leche. Una industria que representa una fuente de riqueza para la comarca, difunde el nombre del Cerrato allá por donde van sus productos y que es un ejemplo de la importancia que siempre ha tenido, y de lo ligado que ha estado a esta comarca el ganado ovino.
A todas estas verdades hay que añadir una más, los tiempos han cambiado y éste es un oficio que tiende a desaparecer, pero de esta desaparición hay muchas responsabilidades, no ha sido un sector favorecido y considerado desde las administraciones para que pudiera adaptarse a los cambios que la sociedad ha sufrido.
Ya vamos a finalizar. Hemos querido aprovechar esta oportunidad para destacar lo que ha significado el oficio de pastor, para recordar con algunos hechos que no todo es trabajo, que hemos hecho aportaciones de todo tipo a una forma de vida tradicional que damos por desaparecida, y que es precisamente a partir de ahora cuando más se evidencia su valor. Seguiremos teniendo queso, podremos seguir saboreando nuestro exquisito lechazo, porque habrá ganaderos que críen ovejas, pero ya no veremos al pastor recorrer el campo con su rebaño, acompañado de su burro y su perro, y con ello también dejaremos de ver y tener todo lo asociado a una forma de vida tan enraizada en nuestra cultura, tan ligada a nuestro entorno y responsable, en buena medida, del mantenimiento de la población rural. Queremos terminar recordando que al igual que el nuestro hay otros oficios que también han dejado su huella en la cultura tradicional, zapateros, guarnicioneros, panaderos, herreros, etc. Vaya desde aquí nuestro reconocimiento.
Quiero terminar comentando que ha sido una experiencia magnífica compartir con los mayores en el oficio sus vivencias y conocimientos. Les quiero agradecer que me hayan dado la posibilidad de leer ante todos vosotros este pregón. Agradezco a mis padres el legado que me han dejado. Estoy orgulloso de ser lo que soy.
Como castellanos que somos allá va la despedida, la que echo el tío Mester, “que de aquí en un año nos volvamos a ver”

VIVA LA VIRGEN DE REVILLA VIVA BALTANÁS.



*El pregón de las Fiestas Patronales de Nuestra Señora de Revilla de Baltanás, de 2014 ha sido elaborado por Anastasio Alejos Calleja, Felipe Alejos Calleja, Francisco Díez García, Andrés López Alejos, Rufino Medina Rubio, Fernando Román Rubio, Adolfo Rubio Frías, Félix Rubio Frías, Teodoro Rubio Frías, Florencio Rubio Frías y José Luis Santamaría Diago, responsable además de su lectura.